Crux Aeterna
Crux Aeterna La Cruz Perdida del Templario Thomas. En el ensangrentado campo de batalla de Harim, Siria, el monje guerrero Thomas, caballero Templario, combatía entre un estruendo ensordecedor. De su cuello pendía una cruz de plata maciza, de singulares líneas góticas, forjada por Mastro Paolo di Venezia. Era un símbolo de fe y un fragmento de su alma. En el fragor del combate, un golpe inesperado le arrancó la cruz, que desapareció en el caos de la refriega. Inconsciente y herido, Thomas fue rescatado por sus hermanos de la orden. Cuando recobró el conocimiento, la cruz ya no estaba. Una profunda desolación lo acompañó durante años, aunque su fe permanecía intacta. La cruz se había convertido en una añoranza silenciosa. Una década después, en Acre, mientras atendía a un viejo campesino, Thomas recibió un regalo inesperado. El hombre sacó una cruz de plata, ennegrecida por el tiempo pero inconfundible: las mismas líneas góticas, los mismos ángulos agudos que Thomas recordaba. "La encontré hace años", dijo el campesino, "entre las mercancías de un barco procedente del norte. Me llamó la atención su forma insólita". Thomas reconoció al instante su cruz. Había vuelto a él, tras años y caminos desconocidos. No era solo plata, sino un fragmento de su alma. Volvió a llevarla, sintiendo su peso reconfortante. No una señal del destino, sino una promesa cumplida. La cruz había regresado y, con ella, una renovada conciencia de la fuerza de la fe.
Cruz Maciza de plata 925, finamente trabajada por ambas caras.
El plazo de elaboración es de unos 20 días.




















